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Pucon, Un hilo de lava se desliza del cráter del volcán Villarrica. La nieve y la tierra le abren paso, mientras los fotógrafos se apresuran a registrar la imagen. Nadie sabe cuando volverá a ocurrir un instante mágico como este, uno de los acontecimientos más raros y perturbadores de la naturaleza.

Los viajeros ascienden a la cima del volcán, para observar su profunda fosa y el fulgor de sus entrañas al rojo vivo. Es, sin duda, una de las actividades más atractivas de Pucón, una puerta geográfica que permite cruzar al otro lado de la cordillera de los Andes. Hace cuatro siglos fue un camino obligado para los españoles; ahora, es un paso ineludible para el relax y la aventura.

Y es que Pucón no sólo presenta una geografía de turbadora belleza, sino que es, también, un bastión para la práctica de los deportes de aventura, pudiéndose realizar actividades pletóricas de adrenalina como el andinismo, las cabalgatas, el paracaidismo, el esquí, el rafting, el hidrospeed y el skydriver, auténticos retos a la destreza y el valor de los viajeros.

La pintoresca y excitante Pucón, en la cuenca hidrográfica del río Villarrica, es el principal destino turístico de la IX Región La Araucanía. Localizada a 112 kilómetros de Temuco, la capital regional, y a 789 kilómetros de Santiago, comparte su historia con las ciudades vecinas de Villarrica (a 20 kilómetros aproximadamente) y Curarrehue (a 40 kilómetros).

Vuelta al pasado para escudriñar los orígenes de tres ciudades de la cuenca del río Villarrica. Es el año 1551 y el explorador español Pedro de Valdivia, recibe noticias sobre la existencia de un paso natural que permite acceder al otro lado de los Andes, el mismo que estaba a sólo 100 leguas del magnificente océano Atlántico.

La información fue música celestial en los oídos del aventurero, que no perdió tiempo para echarse a andar en la búsqueda de aquel resquicio geográfico que facilitaría el cruce de las aparentemente inexpugnables montañas andinas. Durante su travesía, de Valdivia quedó impresionado por la perfección de los paisajes y la magia del entorno y consideró que era menester fundar una ciudad en aquel lugar.

Jerónimo de Alderete recibió el encargo y fundó Villarrica. Los primeros tiempos fueron muy duros para los habitantes de la naciente ciudad. Ellos tuvieron que soportar los ataques de los mapuches, un pueblo originario de la zona central de Chile y el norte de Argentina, que defendió su territorio ancestral con ardor y agresividad, resistiéndose a la presencia de los conquistadores españoles.

Durante más de tres siglos, los mapuches o “hombres de la tierra” (mapu = tierra, che = gente), vivieron al margen y en conflicto con la colonia española. Cuando se produjo el choque cultural con occidente, su población alcanzaba el millón de personas y estaban divididos en tres grupos étnicos (huilliches, picunches y pehuenches), pero todos hablaban el mismo idioma.

Más allá de su espíritu aguerrido, los hombres de este pueblo -según la descripción de varios cronistas hispanos- eran capaces de nombrar a cada estrella del cielo, los pájaros, los peces, animales, insectos, plantas y hasta las piedras. Esto era explicable por la vital relación que establecieron con la tierra.

La historia de Villarrica se tiñó de sangre, cuando 600 colonos murieron en un ataque de los mapuches. La región permaneció en caos hasta el 27 de noviembre de 1883, cuando las autoridades chilenas y los caciques mapuches sellaron la pacificación de la Araucanía, lo que permitió el desarrollo de la ciudad fundada por Aldarete y de pueblos como Pucón, localizado en el estratégico paso cordillerano y Curarrehue.

El germen urbano de Pucón fue el fuerte militar en el que el general Gregorio Urrutia y el cacique Pocollanca, sellaron la paz. Tiempo después, la presencia de colonos alemanes incentivada por el gobierno chileno, dinamizó el desarrolló de un pueblo que hoy es habitado por 14 mil personas, entre descendientes europeos y mapuches, además de criollos.

La principal actividad de Pucón fue la extracción maderera y la ganadería; pero, los cautivadores encantos naturales de la zona, hicieron inevitable el desarrollo de la industria turística, que tuvo un hito importante en la inauguración del Gran Hotel Pucón, en 1934.

La travesía para ocupar sus habitaciones era una agradable aventura. Los turistas llegaban por tren a Villarrica, cruzaban el lago del mismo nombre en barco y desembarcaban en un muelle construido cerca del citado alojamiento, que se convirtió en un importante refugio de los cultores de la pesca deportiva, atraídos por la fama de la cuenca del Villarrica, perfecta para la práctica de dicha actividad.

En 1967 se pavimentó el camino entre Freire y Villarrica y la ruta costera a Pucón. En la década del 70 se habilitaron rutas de acceso a los lagos Caburgua, Lican, Ray, Curarrehue, Huife y Puesco. Estas obras fueron fundamentales para el desarrollo del turismo masivo, actividad económica que se ha convertido en una de las mayores fuentes de ingresos de Pucón.

Conforme la demanda de alojamientos y atractivos aumentaba, se construyeron hoteles con mayor capacidad, condominios, zonas de camping, pintorescos restaurantes decorados con madera, cafés, salas de baile, casinos, baños termales y un centro de esquí en el volcán. Desde aquí parten los deportistas al cráter o a esquiar en sus laderas de nieve, gracias a un sistema de “telesillas” que los conducen a las mejores pendientes.

Quienes visiten la tierra ancestral de los mapuches, el paso milagroso buscado por Pedro de Valdivia, el pueblo pujante de los colonos alemanes, encontrarán más de un paraje sosegado donde la historia y la geografía se dan la mano, para generar ambientes evocadoramente plácidos de los que no dan ganas de marcharse y quedan siempre en el corazón y la memoria de los viajeros.